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Cómo sobrevivir las convocatorias del Fondo 
Cinematográfico (FDC) y no quebrarse en el intento

 

Es con cierto pesimismo que abrimos este artículo/guía para hacer cine en Colombia debido a la peligrosa proliferación de la piratería de videos en Colombia y el decenso vertical en las entradas a cine. Según cuentas de los mayores exhibidores/distribuidores de cine en el país este primer semestre del 2005 ha registrado una caìda del 16% en las entradas a cine aún con la apertura de varios multiplexes en diferentes partes del país. Las razones son muchas, entre las cuales se pueden culpar los altos costos de ir a cine hoy en día, el bajo poder adquisitivo del Colombiano, la variedad de oferta de entretenimiento como los video juegos, los Home Theaters, la televisión satelital y, sobre todo, la piratería que cada día le roba más entradas a las salas de cine. Es alarmante ver que películas como La Interprete y La Guerra de los Mundos, que no se han estrenado todavía en el país, se encuentran a la venta en todas partes sin ningún control de las autoridades.  

Con estas noticias tan alarmantes tenemos el impase de si hacer cine o no. La cruda realidad es de pensar si se justifica invertirle a un proyecto no solamente una suma sustancial de dinero, sino varios años de vida para luego cosechar pérdidas y desengaños. Por ejemplo, las películas recién estrenadas Perder es Cuestión de Método de Sergio Cabrera que -según su productora, Marianella Cabrera- "nunca una película colombiana se había arriesgado a hacer un lanzamiento tan grande y bien planificado" y La Sombra del Caminante de Ciro Guerra ya sufrieron las graves consecuencias: la primera no ha logrado sino unos 240,000 espectadores en el país (cuando se estimaban por lo menos unos 400,000) y, peor aún, la segunda no va a llegar a los 6,000 en total. Con estas cifras es muy dificíl que alguién seriamente piense en hacer cine en Colombia, aún con todos los beneficios y la buena voluntad de la nueva ley de cine 814 y del Consejo de Cinematografía. 

Pero, de todas formas, se acaban de presentar 73 proyectos de largometraje a la convocatoria C del 2005 en la modalidad de Realización de Largometrajes. Cabe hacer la pregunta: ¿Saben estos realizadores en lo que se están metiendo?

Los premios, ¿una lotería o una maldición?

Una cosa es ganarse una lotería donde la inversión es infima, las posibilidades remotas y la ganancia líquida. En las convocatorias de cine estas condiciones son al revés: la inversión es grande, las posibilidades son accesibles, y la supuesta ganancia no es sino una llave de entrada a participar en una de las loterías más difíciles del mundo: la realización de una película! Descontando las convocatorias de documentales y cortos donde se recibe una cifra más o menos adecuada por la realización de un proyecto en su totalidad y no se exige nada en contraprestación, en los de largometraje las cifras que se entregan son apenas una pequeña semilla para arrancar un proyecto, pero exigen la terminación del proyecto total con todos sus costos, tarea que para muchos se puede volver peor que una maldición gitana.

Si un productor tiene un excelente proyecto y además tiene una suerte privilegiada como para salir favorecido en todas las convocatorias, sus posibilidades máximas son las siguientes:

Guión en desarrollo       $   15'000.000
Desarrollo de proyectos $   40'000.000 (incluye $15'000.000 para el guión)
Realización                   $ 250'000.000
Posproducción              $ 120'000.000
Promoción (automático) $ 120'000.000
TOTAL :                        $ 545'000.000

Con esta plata puede financiar aproximadamente el 38,92% del costo de una película de presupuesto mediano. Le tocaría levantarse más o menos $855 millones más para terminar la película, pero afortunadamente tiene tres posibilidades de financiación adicional:

  1. Ganarse un premio de $120 o $140 mil dólares de Ibermedia, que representarían más o menos unos $280 a $330 millones de pesos a buen cambio de hoy, pero hay que tener en cuenta que una película colombiana se está ganando un premio de estos (o de menos en algunos casos) solamente una vez al año contra propuestas excelentes de todo Iberoamérica, que hace que la competencia no sea nada desdeñable especialmente ahora con tanta producción haciendo cola. Y este "premio", a diferencia de los del Fondo, SI se tiene que devolver, generalmente con los primeros dineros que entren a taquilla de la película.
  2. Sacar un préstamo bancario normal de unos $300 millones con todas las arandelas de hipótecada de casa, carro, perro, etc., y en este caso el Fondo le puede ayudar con los intereses de un año, pero en ningún caso le va a servir de garantía ante la institución financiera que de todas formas le va a exigir la hipotecada de casa, carro, perro, etc.
  3. Conseguir el resto de la financiación de la empresa privada que quiera acogerse a los beneficios tributarios que brinda la Ley 814 en estos casos: Sin embargo, es bueno estudiar bien este beneficio porque hasta ahora no es que tengamos una sobreabundancia de empresas haciendo "cola" para volverse financistas de un negocio que no pinta tan bien como uno quisiera.

Aún contando con toda la buena suerte del mundo, a nuestro "afortunado" productor le quedaría por financiar entre $100 a $250 o más millones de pesos, que no se consiguen así de fácil, a no ser que, como lo han hecho algunos reconocidos directores nuestros, le hagan "conejo" a sus técnicos, actores, colaboradores y otros acreedores, que es el camino menos aconsejable en estos casos y es el más dañino a la larga.

Para aprender más sobre aquellos productores a los que un premio se les volvió un dolor de cabeza es bueno leer o re-leer detenidamente el artículo Mi Ultimo Soplo de Luis Ospina sobre sus maromas para realizar Soplo de Vida y tener en cuenta casos como Juana Tenía el Pelo de Oro de Pacho Bottía que lleva casi una década sin terminar después de ganarse un premio de Colcultura en el siglo pasado, el caso de La Deuda, para la cual su nombre fue una premonición, o los casos de películas como La Primera Noche, El Rey, Sumas y Restas, que llegaron a las pantallas con la lengua afuera después del esfuerzo tan tenaz para lograr terminarlas o otras como La Historia del Baúl Rosado que se debería llamar La interminable historia de cómo financiar una película con premios durante 7 laaaaaaaaargos años!!

El formato de filmación

Una de las decisiones más importantes antes de hacer un largometraje es la del formato a utilizar. ¿35mm? ¿16mm? ¿Digital DV o HD? ¿DV-CAM o DVC-PRO? ¿4:3 o 16:9? Las preguntas son muchas y existe mucha confusión y datos equivocados sobre las respuestas correctas. El mayor error que se comete, especialmente entre los nuevos cineastas, que no conocen muy bien las técnicas de cine y cuyo mundo gira alrededor de la tecnología de video digital, es que filmar en Digital es muchísimo más económico que filmar en cine. Otro error, cometido por aquellos que deberían saber mejor, es que filmar en 35mm es mucho más costoso que filmar en 16mm. Desde luego que hay una diferencia entre filmar en 35mm, en 16mm y Digital, pero no es tan grande como se piensa en un inicio. Haciendo un ejercicio donde todos los costos de producción son idénticos, incluyendo las mismas horas de material filmado, arrojan una diferencia de solamente un 8,68% de diferencia entre el costo de una película filmada en 35mm y una en Digital, 5,4% entre una de 16mm y una en Digital y sólo un 3,18% entre una de 35mm y una de 16mm. A la larga, esta es una diferencia mínima dentro de presupuestos que pueden variar entre los $1,158 y $1,480 millones de pesos, que son las cifras normales para lograr una BUENA película colombiana hoy en día. A la larga, las únicas ventajas que pueden arrojar las películas realizadas en 16mm y Digital es que se puede rodar mucho más material en la filmación sin afectar demasiado el presupuesto final, pero esto también repercute en mayores costos y un porcentaje aún más pequeño ante la opción de filmar en 35mm que es, definitivamente, el formato más profesional y de mejor calidad que se puede utilizar.

La utilización de formatos digitales

Cada vez es más frecuente la utilización del video digital para hacer películas de cine que se exhiben en los teatros en 35mm. Películas famosas como Bailarina en la Oscuridad de Lars Von Trier, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Lucía y el Sexo del español Julio Medem, Bowling for Columbine de Michael Moore, Time Code de Mike Figgis, 28 Días con Sandra Bullock, y muchas otras, incluyendo la colombo/francesa La Vírgen de los Sicarios de Barbet Schroeder, son excelentes ejemplos de trabajos realizados en formato digital y posteriormente transferidos a cine 35mm para su exhibición teatral. En muchos de los casos, como por ejemplo Colateral con Tom Cruise y Sin City con Bruce Willis, la escogencia de filmar en digital fue una decisión artística y facilitadora de efectos especiales posteriores ya que son grandes producciones que cuestan más de $50 millones de dólares c/u.

Sin embargo, en el caso nuestro las cosas no son tan color de rosa. En la Primera Convocatoria de Posproducción y Promoción del Fondo de Cinematografía, el 45% (14 películas) de los 31 proyectos presentados fueron realizados en Mini-DV, DV-CAM, DVC-PRO y Betacam Digital. Pero de los proyectos merecedores de estímulos, solamente 3 de las películas fueron en digital, cifra que plantea un gran cuestionamiento sobre la calidad final de los proyectos realizados en estos formatos debido a que su bajo costo, improvisación, falta de rigor, exceso de confianza y muchos otros factores pueden generan unos productos bastante irregulares. Para no ir más lejos, tres de las películas colombianas más malas de los últimos años, After Party, Habitos Sucios y Porque Lloran las Campanas tienen varias cosas en común: todas fueron grabadas en digital, no tuvieron ningúna resonancia con el público colombiano y su taquilla fue verdaderamente mediocre. Se puede llegar al extremo de decir que la filmación en digital lo UNICO que asegura es que se pueda lograr hacerla ya que no existe un presupuesto para producirla adecuadamente en cine de 35 o 16mm desde un inicio. Sin embargo, La Sombra del Caminante es un buen ejemplo de lo que se puede lograr cuando un proyecto de muy bajo presupuesto está bien manejado. Además, de otra forma nunca se habría podido realizar. Desafortunadamente, su suerte en las taquillas colombianas no ha sido muy afortunado como lo mencionamos anteriormente. Lo que SI está muy claro es que hay un gran desconocimiento de estas nuevas tecnologías y su adecuado manejo técnico y artístico.

El mito de la taquilla

Antes de empezar a creer en la veracidad de estudios económicos sobre películas colombianas como los de Fedesarrollo y del Ministerio de Cultura, es bueno tener en cuenta algunos datos más aterrizados sobre la realidad de nuestra cinematografía.

Primero que todo, las películas más taquilleras del cine Colombiano han sido:

La Estrategia del Caracol

1'500.000

Espectadores

1994

El Taxista Millonario

1'500.000

Espectadores

1979

El Inmigrante Latino

1'300.000

Espectadores

1980

Esposos en Vacaciones

1'250.000

Espectadores

1976

El Niño y el Papa

1'100.000

Espectadores

1986

Padre por Accidente

1'012.000

Espectadores

1981

Tiempo Para Amar

1'000.000

Espectadores

1980

Que, a la vez, se equilibran con las menos taquilleras:

Pisingaña

10.000

Espectadores

1986

Soplo de Vida

10.000

Espectadores

2000

Posición Viciada

10.000

Espectadores

1998

El Día Que Me Quieras

4.000

Espectadores

1992

After Party

2.000

Espectadores

2002

Bajo la Tierra

1.600

Espectadores

1967

La Muerte es un Buen Negocio

1.000

Espectadores

1981

Y para colmo de males, en los últimos díez años no se ha vuelto a ver una película colombiana con más de 700 mil espectadores y el promedio de las "buenas" taquillas reside entre 350 y 450 mil espectadores para aquellas que están bien respaldadas por extensas y supremamente costosas campañas publicitarias, generalmente financiadas (a cambio de jugosos porcentajes de la taquilla) por Caracol o RCN Televisión. Pero las taquillas normales son entre 50 a 200 mil espectadores, aún en los mejores casos. Hacer proyecciones optimistas sobre mayores ingresos es seguir soñando.

Del precio normal de una boleta se puede calcular que más o menos le quedan entre $2,000 y $2,500 por espectador al productor colombiano después de descontar el porcentaje del exhibidor, del distribuidor y el 5% que tiene que contribuir al Fondo de Cinematografía. De esta forma, se necesitarían más o menos unos 560 mil espectadores para recobrar la inversión de $1'400 millones que -como dijimos anteriormente- es mucho más que el promedio de una buena película colombiana "taquillera".

Los míticos casos de las grandes ganancias del productor/realizador Gustavo Nieto Roa, que en su "epoca dorada" logró tener tres películas de más de 1.2 millones de espectadores c/u, se ve opacada por las mediocres entradas de sus últimas dos: Es Mejor Ser Rico que Pobre (1999), que obtuvo 90,000 espectadores y Un Hombre y Una Mujer con Suerte (1992), que obtuvo 50,000. También está el caso del escritor/productor Dago García que arrancó con el pie derecho al hacer La Pena Máxima (2001) y logra opacar a la multi-millonaria Pearl Harbor y sobrepasar los 500,000 espectadores. En los siguientes dos años García repite su éxito con Te Busco (2002) y El Carro (2003), que lograron más de 400,000 espectadores c/u, pero sin embargo a finales del 2004 estrena La Esquina y la formula se derrumba al no obtener sino 140,000 espectadores. Con esto se puede ver que los éxitos nunca se repiten consistentemente, no hay una formula segura y el cine en este campo sigue siendo no solamente un misterio, sino casi una lotería. 

El presupuesto: el factor decisivo

Ante cifras tan desoladoras como las anteriores, el tema del presupuesto se vuelve casi tan importante como el del guión, Ya no se puede seguir haciendo películas a la loca, sin presupuesto, y sin un buen estudio económico para respaldar la idea inicial. 

En el pasado, cuando las convocatorias de cine estaban en manos de Focine, de Colcultura y del Ministerio de Cultura, el renglón del presupuesto era simplemente una más de las piezas, junto con el guión técnico, la sinopsis, el plan de producción, etc., que apoyaban los documentos que acompañaban el guión presentado. Hoy en día, el Fondo de Cinematografía (FDC) tiene el compromiso de ir creando las bases firmes para una industria cinematográfica sostenible donde los esquemas de improvisación y falta de rigor profesional ya no tienen cabida. En el pasado se hacían películas más por un deseo de simplemente hacer cine, sin proyección económica a largo plazo, sin bases de financiación, con grandes defectos de planeación, donde la norma eran esquemas de producción que duraban en promedio entre los cinco a los siete años en su realización. Obviamente una industria no se puede construír con medios tan precarios y una de las metas del FDC es acabar de un tajo con estos sistemas arcaícos y anti-económicos.

Por consiguiente, la base fundamental para que un proyecto tenga buenas posibilidades de salir adelante, de recibir estimulos del Fondo, de conseguir financiación adicional del sector empresarial y bancario, de recibir premios de producción en el exterior, etc., se basa hoy en día en la elaboración de un excelente presupuesto, ajustado a las realidades económicas del país donde vivimos, a los avances tecnológicos de los últimos años, que sirva de guía exacta de las necesidades de cada película.

Al estudiar detenidamente los presupuestos de la mayoría de las películas que se han hecho en Colombia en los últimos años se nota que el presupuesto ha sido elaborado más para cumplir con los requisitos de las convocatorias que para servir efectivamente como un plan de trabajo en la realización de una película. Se han visto casos tan aberrantes como los de una película que estaba supuestamente presupuestada en unos $400 millones de hace algunos años, que al día siguiente de recibir el primer premio de una convocatoria por unos $250 millones, trepa ese mismo "presupuesto" a más de $1,000 millones, como por arte de magia. Lo más triste de todo, es que con este nuevo presupuesto a los ingenuos productores se les dificultó conseguir la financiación adicional, se gastaron casi toda la plata del premio en tratar de conseguir nuevos socios, llegaron hasta el punto demencial de seriamente pensar en devolver la plata del premio, pero al final -después de varios años de esfuerzo- lograron milagrosamente hacer la película que, irónicamente, resultó ser uno de los tantos grandes fracasos de taquilla del cine colombiano. Lo que empieza mal, sigue mal, y termina mal.

Más importante que un buen matrimonio

Y, como si fuera poco, para añadir a todo este mar de incertidumbres que es hacer cine en Colombia, se nos presenta un problema netamente humano, a primera vista muy sencillo, que es la precaria convivencia entre escritores y directores y sus productores. El Consejo de Cinematografía, ante la escasa participación de verdaderos productores en el país, ha intentado ir creando un espacio apropiado para ellos al exigir que todos los proyectos sean presentados por un productor, así tenga o no experiencia en este campo. Desafortunadamente, en Colombia no se conoce el verdadero productor, estilo Hollywood, que es el que tiene la experiencia, el capital o puede conseguirlo para hacer cualquier tipo de producción. Nuestros "productores" nacionales son los que llamamos técnicamente "productores de campo" o "productores ejecutivos", especialistas en conseguir locaciones, actores, en organizar equipos, permisos, conseguir descuentos, negociar contratos, etc., etc., pero de plata... sinceramente nada. Eso es una realidad del negocio, no una crítica. Y mientras esta situación siga así, los improvisados productores simplemente se encargarán de hacer todo lo que puedan para un rodaje, manejando el dinero que puedan reunir de premios o de inversionistas que logren convencer bajo las esperanzas de descuentos tributarios, pero no tienen la libertad de maniobrar como lo tiene unas empresas poderosas y bien respaldadas económicamente como, por ejemplo, RCN o Caracol. Por eso se ven casos como los de algunos directores nacionales de mucho renombre internacional, que han tenido que parar una filmación en la mitad por falta de dinero o han tenido conatos de motínes de los técnicos al no poder pagarles sus sueldos a tiempo o se han peleado con su productor por cuestiones de plata, etc. Desafortunadamente, esta es una realidad de nuestro cine que ningún realizador nuevo o veterano puede ignorar. Una de las fallas de continuidad del cine colombiano ha sido la falta de empresas productoras con buenos capitales. Si hacer cine de por sí es una labor titánica, hacerla sin plata es casi suicidio. Al apoyar a los productores, se busca fortalezer este eslabón tan importante en la cadena cinematográfica. Por eso un escritor o un escritor/director debe buscar al productor de su proyecto con más cuidado que a una esposa porque esta unión puede ser tan importante en su carrera cinematográfica como el matrimonio. Y así como la mayoría de los matrimonios hoy en día terminan en divorcio, no se puede correr ese mismo riesgo en las relaciones productor/director/guionista porque los resultados pueden ser catastróficos para todos los involucrados.

Los festivales son buenos... para el ego

El gran sueño de todo cineasta es lograr que su película no solamente sea aceptado en alguno de los grandes festivales de cine del mundo sino que, además, gane algún premio. Los nombres de Cannes, Venecia, Berlín, Toronto, San Sebastián, etc., etc., siempre están en la mente de todo realizador jóven que se considera la reencarnación de Welles, Fellini, Eisenstein, Bergman, Antonioni, Lars Von Trier, Scorcece, Polanski y todos aquellos grandes directores que han sembrado sus nombres en el camino de sueños del cine. Desafortunadamente, son muchos los aspirantes, pero muy pocos los aceptados. De todas formas, los festivales han sido demasiado sobrevalorados. En primer lugar, hay más festivales de cine en el mundo que días en el año. Se puede decir que hoy en día hay festivales de todos los sabores hasta para las películas más malas. Y desde hace rato dejaron de ser un "gancho" de taquilla que, a la larga, es la parte más importante del éxito de una película. Fuera de las nominaciones al Oscar de Hollywood, ganar en cualquier otro festival puede ser hasta un "handicap" para una película. Para muestra un botón: la tan mentada María, Llena eres de Gracia ganó un premio compartido de Mejor Actriz en el festival de Berlín y, sin embargo, su primer estreno en Colombia con bombos y platillos fue francamente mediocre al no generar sino unos 150,000 espectadores en el país, cuando los pronosticos eran de mínimo unos 400,000. Sin embargo, después de la nominación de Catalina Sandino, que compró HBO Pictures y New Line con su inversión de varios cientos miles de dólares (María Llena Eres de Dólares), la misma película generó una audiencia mucho mayor en Colombia, aún siendo técnicamente un reestreno!  Otro ejemplo es el de Confesión a Laura del director colombiano Jaime Osorio, que siempre ha sido catalogada como la película nacional más premiada de la historia, sólo logró reunir un poco más de 20,000 espectadores. Bueno, pero para no ser tan pesimistas, los premios en los festivales sirven de excelentes pisapapeles o para impresionar a los padres de su novia y... desde luego son un alimento excepcional para el ego!   

La presentación

Aunque parezca increíble, muchos proyectos entregados a las convocatorias son categóricamente rechazados por no cumplir con los requerimientos más sencillos: no firmar el formulario de presentación, no enviar el número de copias de los documentos o anexos exigidos por la convocatoria, no haberse registrado en el Ministerio de Cultura como productor, no presentar certificado de la Cámara de Comercio actualizado o vigente cuando es una sociedad, etc. Ninguno de estos requerimientos es difícil de conseguir y lo único que demuestra es la falta de rigor y la improvisación a último minuto de algunos de nuestros realizadores. Si tantos deseos tienen de concursar y ganar, lo principal es llenar los pocos requerimientos legales que se exigen. Un buen proyecto puede quedar enterrado para siempre por no estudiar bien las reglas del juego...

 

Julio Luzardo
julioluzardo@cinecolombiano.com

 

 

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junio 22, 2005 08:45:38
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